sábado, 22 de septiembre de 2018

POEMA ESPECIAL


MANOS DE HADA

Graciela Lecube Chavez

©  2018

 

En este mes de septiembre,
cuando en el norte
el otoño se abre paso
con su derroche de hojas
marrones, rojas, moradas,
desde el amarillo oro
hasta el ocre cobrizo,
y en el sur entra triunfal
la primavera engalanada
de azules tenues y rosados,
yo le hago un poema
de amor y de recuerdos
a las manos de hada
de Ana, mi mamá.
Manos que cosían…
Manos que bordaban…
Manos que tejían
con la misma facilidad
que me peinaban
y me acariciaban…
En septiembre, dedicado
a la costura, me arrodillo
ante aquellas manos de hada
que me tenían vestida
como toda una princesita
con organzas, algodones
sedas y lanas que mejor
no se encontraban…
Manos de hada que vestidos
y abrigos  me creaban
con amor de madre dedicada.






jueves, 20 de septiembre de 2018

TRABALENGUAS





Catalina encantadora:
canta, Catalina, canta,
que cuando cantas me encantas.
Y que tu cántico cuente un cuento
que a mí me encante.
¿Qué cántico cantarás,
Catalina cantarina?
Canta un cuento que me encante,
que me encante cuando cantes.


Para más trabalenguas visita www.elhuevodechocolate.com
(Enviado por Sergi Roig López de Ibiza, España)

miércoles, 19 de septiembre de 2018

“Mi perra ciega”


Después de andar por el pasillo, orientándose por la voz de Leticia llega hasta el living; con el hocico palpa el sofá, sube a él y se acomoda para dormir. Me causa pena al verla sumida en la noche de su oscuridad.

Ya no puede correr como otrora porque ha quedado ciega.
Recuerdo el día en que la conocí en casa de su dueña. Era una perrita pequeña de color negro. Nos hicimos amigas en las visitas que realizábamos para visitar a la anciana. Pituca, que así se llamaba el animalito, era su única acompañante. No bien se detenía nuestro automóvil, comenzaba a correr alegremente, por la galería y por los fondos de la casa. Daba muchas vueltas. Luego reposaba en mis rodillas y yo la acariciaba. ¡Como me encariñé con ella!

Le pedí a la señora que me la regalara.

__Cuando yo muera___te la puedes llevar me dijo__pero tienes que cuidarla y quererla como yo la quiero. Ella está acostumbrada a mucho cariño. 

Pasaron algunos años. La buena anciana enfermó y la perrita no se separó un instante de su lado, ni aún en la presencia de los médicos que trataban de alejarla. Cuando falleció, fue traída a nuestro hogar. Héctor detuvo el vehículo en el lote de terreno contiguo. Leticia y yo conteníamos la respiración ya que teníamos dos grandes perras y desconocíamos la reacción que tendrían ante la llegada de la visitante. Pero la aceptaron sin inconvenientes.

La perrita descendió, siguió a mi yerno con naturalidad, saludó a mi hija quien la esperaba junto a las adultas perras. Yo la hice entrar en mi dormitorio, la tomé en mis brazos y ese fue el momento en que ella comprendió que viviría para siempre con nosotros. Desde entonces compartió la vida de nuestro hogar junto a Diana y Negrita, y nos hicieron muy felices.

Pituca conoció y jugó en todos los rincones de la casa por mucho tiempo. Esto la ayudó en su ceguera porque tenía memoria de los lugares recorridos.

Ayer al atardecer, presintiendo que había llegado su momento de morir, me buscó en el patio; la alcé y la acosté sobre mis rodillas. 

Me miraba con sus ojos tristes y la arrullé en mis brazos como tantas veces lo había hecho. Se durmió para siempre. Lloré sin consuelo, como también lloré por Negrita y Diana. Las tres fueron sepultadas en el lote contiguo a la sombra de los grandes árboles. Héctor les construyó una cerca de piedras grandes con algunas plantas. No puedo pasar por el lugar sin derramar algunas lágrimas. Hoy en mi ancianidad y al escribir estas líneas me emociono todavía. 


Blanca Fáchisthers. (una escritora argentina de 83 años)


martes, 18 de septiembre de 2018

¿CÓMO DICES?


Graciela Lecube Chavez

© 2018





¿Cómo levantas el piano?
Con mi primo y un amigo.

¿Cómo comes la granada?
Granito a granito, como pueda.

¿Cómo  cruzas la calle?
Con la luz verde.

 ¿Cómo limpias el piso?
Sin ganas.

¿Cómo montas a un avión?
Temblando de miedo.

¿Cómo conduces el auto?
Con permiso de papá.

¿Cómo te acuestas?
Con ganas de dormir.

¿Cómo te levantas?
Con ganas de seguir.

¿Cómo tocas la guitarra?
Con las dos manos.

¿Cómo comes la pizza?
Masticando sin prisa.



lunes, 17 de septiembre de 2018

DULCE DE AMOR


Por Isabel Arraiza Arana

Autora Invitada 

© 2018


En casa de mi abuela hay un árbol de pomarrosas.  Es una fruta que parece a una pequeña pera, pero es rosada.  Desde chiquita la ayudo a recogerlas y lavarlas.

—Es raro ese nombre "pomarrosa".  Parece un nombre de flor, no de fruta— le dije un día a Abuela.

—También por su aroma recuerda a una flor.  ¡Es tan delicado y exquisito! —añadió Abuela.
 
Aunque había comido montones de pomarrosas, ese día la saboreé como nunca antes.  De pronto, se me ocurrió preguntarle a Abuela:

—¿A qué te sabe?

—¡Pues a pomarrosa! —contestó riéndose—. No sabe a ninguna otra fruta que haya probado.  Su sabor agridulce es único.

—A esto mismo deben saber los pétalos de rosa —le dije.

—“¡Dulce de amor!”—dijo abuela—.  Eso que acabas de decir me recordó un dulce muy sabroso que preparaba mi mamá cuando yo era pequeña.  Ven, vamos a ver si encontramos su receta.
 
Sí estaba.  Yo lavé las pomarrosas recién recogidas y Abuela puso agua con azúcar en una olla.  La batió hasta que se convirtió en una salsa espesa a la que llaman almíbar.  Echó en esa salsa las pomarrosas partidas en mitades y las dejó cocinarse por tres minutos en temperatura mediana.  Me pidió que fuera al rosal a cortar algunas de sus rosas rojas miniatura.  Le traje una docena y las lavé.  En el medio de una fuente formamos una montaña con las brillantes y azucaradas pomarrosas.  La rodeamos con el almíbar, y la adornamos con las rojas rositas flotantes.  

—Este es el postre más rico y más bello —le dije a Abuela—.  Recibes dulces y flores al mismo tiempo.



domingo, 16 de septiembre de 2018

Adivinanzas




Aunque yo llevo pijama,
siempre ando muy despierta,
por no servir al león
de suculenta merienda. 



Llevo pijama a diario
sin guardarlo en el armario.
 


¿Qué será?

La respuesta se dará el próximo  domingo.



Respuesta de la semana  pasada

Voy con mi casa al hombro,
camino sin tener patas,
y voy marcando mi huella
con un hilito de plata.

Me encuentras en la playa
a la sombra y al sol,
mi nombre tiene cara
y también tiene col.

Un solo portero,
un solo inquilino,
tu casa redonda
la llevas contigo.
 



El caracol


Para más  adivinanzas visita www.adivinancero.com