Graciela Lecube Chavez
© 2017

Al Ciclón de hierro subí
temblando de emoción,
imaginando qué pasaría
si me diera un sofocón.
Las manos me sudaban,
no podía la saliva tragar
y cual ignorante reía
sin poderme refrenar.
De miedo los ojos cerré
y al caer al vacío los abrí
para ver lo que tanto soñé
¡sin sentir que me hacía pipí!
Bajé del Ciclón jadeante,
la cabeza sonando a tambor,
más cobarde que un conejo
frente a frente a un asador.
Y cual conejo salí disparado
sin querer a mis amigos esperar,
pues ya hacían fila de nuevo
locos por volver a "ciclones".
© 2017

Al Ciclón de hierro subí
temblando de emoción,
imaginando qué pasaría
si me diera un sofocón.
Las manos me sudaban,
no podía la saliva tragar
y cual ignorante reía
sin poderme refrenar.
De miedo los ojos cerré
y al caer al vacío los abrí
para ver lo que tanto soñé
¡sin sentir que me hacía pipí!
Bajé del Ciclón jadeante,
la cabeza sonando a tambor,
más cobarde que un conejo
frente a frente a un asador.
Y cual conejo salí disparado
sin querer a mis amigos esperar,
pues ya hacían fila de nuevo
locos por volver a "ciclones".
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