Graciela Lecube Chavez
© 2015

Yo paso horas haciendo muñequitos de papel,
los corto y los recorto sin poderme contener.
Una vez a una lechuza la lengua le mostré,
sin pensar que de noche mejor me podía ver.
Un caballito de madera monté y vaquero fui,
hasta que por hacer tantas diabluras me caí.
A un charco de agua sucia riendo salté,
la ropa dominguera y el cuerpo manché
y presintiendo un castigo, ligerito escapé.
Cada vez que las canicas pongo a rodar
desde la ventana hasta la puerta de calle,
no hay gato que a mi casa intente entrar.
Como el sol me saca pecas por pelirroja,
en la cara me paso poquito de manteca
y cuelgo lentes oscuros de mis orejas.
Al salir de la escuela con mis amigas
a la cuerda saltamos, y así nos libramos
de las calorías que glotonas sumamos.
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