Graciela Lecube Chavez
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La maestra estaba apurada por llegar a su clase
para presentarle a sus chiquitines este mensaje:
"Termina lo que empiezas", pero ¿cómo lo haría?
¡Pues, a la inteligencia de sus niños apelaría!
Cuando escribió en la pizarra la frase inspiradora,
muda se quedó ante las respuestas y la atronadora
risa de toda la clase, que festejaba cada ocurrencia
con muchísimo alboroto y adorable inocencia.
El niño más gordito de todos muy serio proclamó:
"Yo empiezo a comer ravioles hasta que se acabó".
El más aplicado de todo aquel grupo infantil, dijo:
"Antes de dar mi tarea, de que nada falte me fijo".
Arturo, el atleta, expresó su sentir con convicción:
"Al vestirme, pongo cada pierna en el pantalón".
"Yo siempre termino lo que empiezo", saltó Tina,
"por eso, para salir de la bañera, corro la cortina".
La clase entera reaccionó con "Ahhhs" y "Ohhhs"
pero la maestra no finalizó la ruidosa conmoción;
ya lo haría a su debido momento para reafirmar
lo que enseñó, "si algo empiezas, lo debes terminar".
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