Graciela Lecube-Chavez
© 2013
- Raulito, ¿cómo vas a recibir el nuevo año? -
- Despidiéndome primero del año viejo -
Al oír esto el policía del barrio le dijo:
- Tú sí que piensas bien para ser un niño -
El uniformado complacido su camino siguió
y Raulito se dijo para si, hablando bien bajito:
- No tengas pena 2013, yo estaré a tu lado
hasta el último momento para decirte adiós.
Yo no te voy abandonar por estar viejito,
ni cuando al fin te vayas te voy a olvidar;
juntos estudiamos y al fútbol jugamos,
y de mi pizza te di el último pedacito
porque fuiste mi amigo en todo momento.
Te prometo que te voy a recordar, puesto
que de todos los años eres el más especial
llenando mi corazón de gran sentimiento.
¡HOLA, 2014!
Faltan sólo horas para 2014 presentarse
y Raulito lo va a recibir con abrazos,
pan dulce, turrón y algo de asombrarse.
Reunida está la familia de gala vestida,
lista a comer una uvita por cada mes
de la nueva era con cambios prometida.
De pronto, Raulito entra a la sala sonando
una corneta, medio cubierto con un pañal
como un recién nacido, pero gateando.
Se arma gran alboroto entre los presentes,
los niños suben y bajan por las escaleras
mientras Raulito ríe mostrando los dientes.
Fotografía de Josleeser
- Despidiéndome primero del año viejo -
Al oír esto el policía del barrio le dijo:
- Tú sí que piensas bien para ser un niño -
El uniformado complacido su camino siguió
y Raulito se dijo para si, hablando bien bajito:
- No tengas pena 2013, yo estaré a tu lado
hasta el último momento para decirte adiós.
Yo no te voy abandonar por estar viejito,
ni cuando al fin te vayas te voy a olvidar;
juntos estudiamos y al fútbol jugamos,
y de mi pizza te di el último pedacito
porque fuiste mi amigo en todo momento.
Te prometo que te voy a recordar, puesto
que de todos los años eres el más especial
llenando mi corazón de gran sentimiento.
¡HOLA, 2014!
Faltan sólo horas para 2014 presentarse
y Raulito lo va a recibir con abrazos,
pan dulce, turrón y algo de asombrarse.
Reunida está la familia de gala vestida,
lista a comer una uvita por cada mes
de la nueva era con cambios prometida.
De pronto, Raulito entra a la sala sonando
una corneta, medio cubierto con un pañal
como un recién nacido, pero gateando.
Se arma gran alboroto entre los presentes,
los niños suben y bajan por las escaleras
mientras Raulito ríe mostrando los dientes.

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