Graciela Lecube-Chavez
© 2010

Bolita es un gatito blanco y negro
que por una ventana abierta se coló.
Como nadie lo reclamó, se dijo:
"Aquí me quedo yo", y ¿por qué no?
La pareja dueña del lugar lo aceptó
sin hacerle preguntas, ¡era tan gracioso!
Le dio leche, agüita fresca y salmón,
un cojín para dormir y caricias a montón.
El tiempo pasó y Bolita muy orondo
de los corazones de sus nuevos padrinos
se adueñó y hasta en su cama grande
dormía a sus anchas entre ellos dos.
¡Eso sí que era vida! Por eso nadie
entendió el por qué de su desaparición.
Lo buscaron noche y día, de un lado
a otro con amor, sinceros de corazón.
Tres días habían pasado desde que Bolita
los dejó, cuando de pronto, de una gaveta
saltó a los brazos que listos estaban para
dar y recibir lo que los tres necesitaban.
© 2010

Bolita es un gatito blanco y negro
que por una ventana abierta se coló.
Como nadie lo reclamó, se dijo:
"Aquí me quedo yo", y ¿por qué no?
La pareja dueña del lugar lo aceptó
sin hacerle preguntas, ¡era tan gracioso!
Le dio leche, agüita fresca y salmón,
un cojín para dormir y caricias a montón.
El tiempo pasó y Bolita muy orondo
de los corazones de sus nuevos padrinos
se adueñó y hasta en su cama grande
dormía a sus anchas entre ellos dos.
¡Eso sí que era vida! Por eso nadie
entendió el por qué de su desaparición.
Lo buscaron noche y día, de un lado
a otro con amor, sinceros de corazón.
Tres días habían pasado desde que Bolita
los dejó, cuando de pronto, de una gaveta
saltó a los brazos que listos estaban para
dar y recibir lo que los tres necesitaban.
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