Graciela Lecube-Chavez
© 2009

Cuando era niña
y me portaba mal,
no había nada peor
que ser amenazada
con el temido Cuco,
un personaje sin igual.
Nunca nadie lo vio
pero de ser extraño
ninguno jamás dudó.
Todo niño amenazado
le daba la forma que
él o ella lo imaginara
y aunque fuera chiquito
como un monito Tití,
con que Cuco dijeran
era suficiente para mí.
Una noche esperando
por el Cuco estaba
despierta en mi cama,
cuando oí un ruidito
estomacal y al ratito
olí algo feo familiar
que entre las sombras
identificó al payaso
de mi hermano Manuco
¡presumiendo ser el Cuco!
Comentarios
Leticia.
pero contado con tanta
delicadeza que resulta
bien gracioso. Analia.