Graciela Lecube-Chavez
© 2009

Un pasito aquí, otro allá,
saltando voy por las calles
de la ciudad de la mano
de mamá, quien contagiada
de mi energía también
se pone a saltar, encantada
de tumbar unas cien calorías.
Nos reímos de todo y de nada;
de golpe se detiene, me toma
fuertemente de la cintura,
me clava la mirada y bajo,
muy bajito me dice al oído:
- Nunca dejes de ser como eres
y quien eres, hijita del alma -.
La miré. Me miró. Yo, sin
entender nada, y ella feliz
de pasarme sus enseñanzas.
© 2009

Un pasito aquí, otro allá,
saltando voy por las calles
de la ciudad de la mano
de mamá, quien contagiada
de mi energía también
se pone a saltar, encantada
de tumbar unas cien calorías.
Nos reímos de todo y de nada;
de golpe se detiene, me toma
fuertemente de la cintura,
me clava la mirada y bajo,
muy bajito me dice al oído:
- Nunca dejes de ser como eres
y quien eres, hijita del alma -.
La miré. Me miró. Yo, sin
entender nada, y ella feliz
de pasarme sus enseñanzas.
Comentarios
al corazon de quienes leen
sus poemas, los grandes
por entenderlos
y los niños porque
se los hacemos
entender. Una amiga.