
En el alto techo
del gran salón
de una casa deshabitada,
su tela tejió.
La negra arañita
que a todos asustó.
Sus patas robusta,
y llena de pelos.
Nadie se acercaba,
nadie la miraba.
Pero todos sabían
que allí estaba.
Tejía su casa
para allí vivir.
Pronto llegarían
nuevos pequeñines
a su nuevo hogar.
Que allí nacerían
y también jugarían,
y se colgarían
de todo lugar.
La arañita Gligly
se quedó a vivir.
En el alto techo,
ella quiso dormir.
Su red se agrandó
cada día más.
Pero no era tan mala
como aparentaba,
sólo muy enorme,
y eso asustaba.
Leticia Teresa Pontoni
© 2009
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