por Graciela Lecube-Chavez
© 2009

No sé cómo ni por qué,
mañana, tarde y noche
las uñas sin control me
como a troche y moche.
Los trocitos que serrucho
con mis dientes sin sentir,
con mucho placer trago
ansiosa de volver a repetir.
Mi maestra de inglés
trataba pero no podía
liberarme de ese mal
que yo misma me hacía:
-¡Ay,Miss Tere! Sus dedos
por lo rojos e inflamados
parecen traseros de monos,
que asustará a sus enamorados.
Yo la escuchaba apreciando
sus consejos, y una sorpresa
pensaba darle al cambiar
a otro placer de sobremesa.
En vez del inglés aprendí
a no destruir cuatro uñas
y a esconder los pulgares
comidos, vistos sólo por mi.
© 2009

No sé cómo ni por qué,
mañana, tarde y noche
las uñas sin control me
como a troche y moche.
Los trocitos que serrucho
con mis dientes sin sentir,
con mucho placer trago
ansiosa de volver a repetir.
Mi maestra de inglés
trataba pero no podía
liberarme de ese mal
que yo misma me hacía:
-¡Ay,Miss Tere! Sus dedos
por lo rojos e inflamados
parecen traseros de monos,
que asustará a sus enamorados.
Yo la escuchaba apreciando
sus consejos, y una sorpresa
pensaba darle al cambiar
a otro placer de sobremesa.
En vez del inglés aprendí
a no destruir cuatro uñas
y a esconder los pulgares
comidos, vistos sólo por mi.
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