por Graciela Lecube-Chavez
© 2009

Una amiga muy querida me contó
algo que a alguien tanto conmovió,
que ahora inspirada tomo el hilo yo
para contarles lo que quizás sucedió.
En un pueblito de tantos que existen
por el mundo, con tan pocos vecinos
que ningún secreto vive en secreto
y las buenas acciones persisten...
una madre fue a buscar a su hijito Moisés,
y no tuvo que andar mucho para hallarlo
sentado en el regazo de abuela Amparo,
que lloraba la pérdida de su esposo danés.
- Ven, el dolor ajeno no debes interrumpir-
- No me quiero ir, mamá... ella me necesita
porque me tendió los brazos, y calladitos
los dos, yo oigo su llanto y la ayudo a sufrir.
© 2009

Una amiga muy querida me contó
algo que a alguien tanto conmovió,
que ahora inspirada tomo el hilo yo
para contarles lo que quizás sucedió.
En un pueblito de tantos que existen
por el mundo, con tan pocos vecinos
que ningún secreto vive en secreto
y las buenas acciones persisten...
una madre fue a buscar a su hijito Moisés,
y no tuvo que andar mucho para hallarlo
sentado en el regazo de abuela Amparo,
que lloraba la pérdida de su esposo danés.
- Ven, el dolor ajeno no debes interrumpir-
- No me quiero ir, mamá... ella me necesita
porque me tendió los brazos, y calladitos
los dos, yo oigo su llanto y la ayudo a sufrir.
Comentarios
QUE EL OTRO. NO SABRIA ELEGIR.
ROGELIO B
que lindo poema me emociona hasta las lagrimas,
grasias por entregarnos tan lindas
palabras llenas de amor que cada dia nos alegra el corazon ...
cristina de argentina..