Graciela Lecube-Chavez
Copyright 2008 . Reservados todos los derechos

El bebé tiene hambre
y se pone a llorar;
el bebé no sabe hablar
y las lagrimitas
lo van a ayudar.
La mamá sabe
lo que tiene que hacer;
corre a la cocina
y regresa con leche,
jugo de naranja y cereal.
El bebé reconoce formas,
olores y colores, lanza
gorgoritos de alegría,
junta las manitas
y mueve sus piernitas.
El bebé, impaciente,
abre la boquita
y usa sus manitas
para servirse el cereal
de manera natural.
La mamá se regocija,
salta, grita, mira al cielo
viendo comer a su bebé,
un simple acto animal
para ella... ¡excepcional!
Corre al teléfono para
la noticia divulgar.
Y en vez de llamar
al papá, el 911 oprime
sin dejar de llorar.
Acuden la policía,
los bomberos, el barrio
entero, la TV, el diario
matutino y hasta
una banda militar.
Y así, este día queda
señalado para siempre,
como el del bebé del
Tercero C por comer
sin tener dientes.
Copyright 2008 . Reservados todos los derechos

El bebé tiene hambre
y se pone a llorar;
el bebé no sabe hablar
y las lagrimitas
lo van a ayudar.
La mamá sabe
lo que tiene que hacer;
corre a la cocina
y regresa con leche,
jugo de naranja y cereal.
El bebé reconoce formas,
olores y colores, lanza
gorgoritos de alegría,
junta las manitas
y mueve sus piernitas.
El bebé, impaciente,
abre la boquita
y usa sus manitas
para servirse el cereal
de manera natural.
La mamá se regocija,
salta, grita, mira al cielo
viendo comer a su bebé,
un simple acto animal
para ella... ¡excepcional!
Corre al teléfono para
la noticia divulgar.
Y en vez de llamar
al papá, el 911 oprime
sin dejar de llorar.
Acuden la policía,
los bomberos, el barrio
entero, la TV, el diario
matutino y hasta
una banda militar.
Y así, este día queda
señalado para siempre,
como el del bebé del
Tercero C por comer
sin tener dientes.
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Amanda C.