Graciela Lecube-Chavez
Copyright 2008 Derechos reservados

Me gusta hacer muecas cuando estoy triste,
si me siento aburrida sin encontrar qué hacer,
si miro a un pajarito picoteando su alpiste,
cuando me levanto temprano para correr.
Me gusta hacer muecas para molestar a mamá
que se irrita y protesta de todas esas caras,
recordándome lo que cien veces me ha dicho ya:
"Sigue haciendo muecas y te hallarán rara".
Pero ni eso me asusta, porque hacer muecas
es un pasatiempo inocente y más que divertido,
mejor que vestir y desvestir a mis muñecas
o perder tiempo buscando un mensaje escondido.
Sacar la lengua hasta tocar la punta de la nariz,
arrugar el entrecejo, poner en blanco los ojos
y estirar la boca como desteñido buzón en París,
colma mis ansias y algunos de mis antojos.
Haciendo muecas a mi gusto me transformo
y creo mil personajes casi siempre divertidos;
a nadie yo molesto y a solas me conformo
usando el potencial que me ofrecen los sentidos.
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Me gusta hacer muecas cuando estoy triste,
si me siento aburrida sin encontrar qué hacer,
si miro a un pajarito picoteando su alpiste,
cuando me levanto temprano para correr.
Me gusta hacer muecas para molestar a mamá
que se irrita y protesta de todas esas caras,
recordándome lo que cien veces me ha dicho ya:
"Sigue haciendo muecas y te hallarán rara".
Pero ni eso me asusta, porque hacer muecas
es un pasatiempo inocente y más que divertido,
mejor que vestir y desvestir a mis muñecas
o perder tiempo buscando un mensaje escondido.
Sacar la lengua hasta tocar la punta de la nariz,
arrugar el entrecejo, poner en blanco los ojos
y estirar la boca como desteñido buzón en París,
colma mis ansias y algunos de mis antojos.
Haciendo muecas a mi gusto me transformo
y creo mil personajes casi siempre divertidos;
a nadie yo molesto y a solas me conformo
usando el potencial que me ofrecen los sentidos.
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