-Graciela Lecube-Chavez-
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Un día de compras fui
acompañando a mamá.
Por lo bien que me porté
un juguete me gané.
Ella me dejó elegir
y después de mirar
y mirar un poco más
con un tigre me quedé.
Era chiquito y tan lindo
que lo cogí con cariño
y desde entonces para
mi es como otro niño.
Lo llevaba escondido
conmigo a todos lados
hasta que lo descubrió
mi vecino Rodrigo.
De mi lado lo arrancó,
al balcón de mi casa
lo llevó y del tercer piso
riendo, a la calle lo tiró.
Nuestras mamás, que
estaban tomando café,
al oírnos así gritar nos
preguntaron: ¿Por qué?
Los cuatro bajamos
a buscar a mi tigrito
y aunque sucio lo vi,
más amor le ofrecí.
Desde ese día, en casa
espera que de la escuela
regrese y yo sé lo mucho
que me lo agradece.
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