
Tribilín era un perrito,
que negro brillante nació,
no quería ser negrito,
y con pintura se pintó.
Ni su padre, ni sus hermanos,
reconocieron al perrito blanco,
y Tribilín asustado,
llorando se arrepintió.
Cuando su madre lo oyó,
corrió a bañar a su perrito,
y al terminar de bañarlo,
emocionada lo besó.
¡Qué felices están todos!
¡Cuánto amor se demostró!
Tribilín ya no está triste,
y aprendió una lección.
María A. Pérez
Autora puertorriqueña
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