
Aquel perrito sin nombre.
Aquel perrito sin casa.
Un día no regresó
de seguro se murió.
Acostumbrado a dormir
siempre en los pastizales.
Una vez se enfermó
y ya nadie más lo vio.
Un hueso para roer
buscaba sin cesar.
Hasta que algo comió
y por eso se enfermó.
Pobrecitos de esos perros
que no tienen dueños.
Que nunca tuvieron
y ni los tendrán.
Siempre había soñado
que un niño le dijera:
Dame la patita,
pero nunca lo logró.
¿Adónde van los perros
cuando mueren?
¿Al cielo de Moguer
donde está Platero?
Leticia Teresa Pontoni
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