Por Graciela Lecube-Chavez
(Copyright) Todos los derechos reservados
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Lina tiene 15 años y, por ser buena tía,
a sus cinco sobrinitos, vecinos y amigos
al parque llevó a jugar. Para el mediodía,
inspirada por una mariposa y un pajarito,
Lina preguntó a los chicos si les gustaría
ser un animal solamente por un día.
Todos dijeron "¡SÍÍÍ!", muy entusiasmados
y a imaginarse animales se concentraron.
Yo quiero ser… uno a uno fue diciendo…:
- Mono, para ser amigo de Tarzán
- Tortuga, para no pagar alquiler
- Jirafa, para cuando vieja no tener papada
- León, para mandar como hace un rey
- Ciempiés, para usar zapatos de todo tipo
- Serpiente, para no tener ni callos ni juanetes
- Canguro, para en mi bolsa esconder dulces
bien seguro
- Gato, para vivir siete vidas
- Perro, para ser siempre un amigo fiel
- Ruiseñor, para cantar como un tenor
- Cocodrilo, para tener un mar de colmillos
- Cisne, para nadar sin hacer ruido
- Coneja, para tener montones de conejitos
- Coquí, para ser querido por un país
- Delfín, para ser premiado por salvar vidas
- Águila, para volar sin gasolina
Como Luisito callado estaba, Lina le preguntó:
- ¿Y tú, qué animal te gustaría ser?
- Yo… yo quisiera ser oso, para dormir todo
el invierno y no ir a la escuela.
A lo que Lina le respondió muy apurada:
- ¡Pero podrías despertar como un burro!
- No seré un burro -dijo Luisito-
sino el mejor correcaminos
para ser el primero en llegar
a la escuela, siempre que
no me duela una muela.
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