
Ilustracion por Mara Price
Mara Price (Copyright 2007)
Todos los derechos reservados
EL POLLITO SOMBRILLA
por Isabel Arraiza Arana
Un pollito muy hermoso
con ojos azul turquesa
salió de donde empollaba
la linda gallina inglesa.
No podía creer su padre,
el señor Gallo Pelón,
que pegado a su cabeza
se le quedó el cascarón.
Cubría su cabecita
de plumitas amarillas.
Y así fue como al pollito
todos llamaron Sombrilla.
Con amor, mamá gallina,
abrió sus alas remeras,
e igual que a sus hermanitos
lo arropó debajo de ellas.
Los otros pollitos pronto
aprendieron a escarbar,
a correr unos tras otros,
picar frutas, y a volar.
Pero el pollito Sombrilla
iba caminando lento
y no se le hacía fácil
encontrase su alimento.
En su lento caminar
conoció a los caracoles
que vivían pegaditos
de las plantas y las flores.
Sombrilla aprendió con ellos
todo su cuerpo a guardar
cuando algo le daba miedo
o lluvia lo iba a mojar.
Además, tenía un talento
sin igual, el buen Sombrilla.
Con su piquito entonado
cantaba de maravilla.
Según pasaron los años
su cascarón se rompía
y una hermosa cresta roja
se lo tapó todo un día.
Aunque no pudo volar
Sombrilla ni antes ni ahora
despierta para cantar
feliz cada día a la aurora.
Todos los derechos reservados
EL POLLITO SOMBRILLA
por Isabel Arraiza Arana
Un pollito muy hermoso
con ojos azul turquesa
salió de donde empollaba
la linda gallina inglesa.
No podía creer su padre,
el señor Gallo Pelón,
que pegado a su cabeza
se le quedó el cascarón.
Cubría su cabecita
de plumitas amarillas.
Y así fue como al pollito
todos llamaron Sombrilla.
Con amor, mamá gallina,
abrió sus alas remeras,
e igual que a sus hermanitos
lo arropó debajo de ellas.
Los otros pollitos pronto
aprendieron a escarbar,
a correr unos tras otros,
picar frutas, y a volar.
Pero el pollito Sombrilla
iba caminando lento
y no se le hacía fácil
encontrase su alimento.
En su lento caminar
conoció a los caracoles
que vivían pegaditos
de las plantas y las flores.
Sombrilla aprendió con ellos
todo su cuerpo a guardar
cuando algo le daba miedo
o lluvia lo iba a mojar.
Además, tenía un talento
sin igual, el buen Sombrilla.
Con su piquito entonado
cantaba de maravilla.
Según pasaron los años
su cascarón se rompía
y una hermosa cresta roja
se lo tapó todo un día.
Aunque no pudo volar
Sombrilla ni antes ni ahora
despierta para cantar
feliz cada día a la aurora.
Comentarios
Y a Mara, también me encanta cómo das vida a mis personajes.
Besos, Isabel