miércoles, 21 de junio de 2017

La Jungla de los Colores




Azael Alberto Vigil
© 2017

Érase una vez, en la colorida Jungla de los colores, en el país de la imaginación, se desató una pelea que amenazaba con destruir toda armonía existente. Todo comenzó, un día normal, después que una tormenta azotara la jungla por largos ciclos, destruyendo toda señal de solidaridad, compañerismo, compasión y buena fe entre los distintos colores que la habitaban.

De los escombros de aquella catástrofe, con la oscuridad aún pintando el horizonte, el color negro se declaró rey de los colores. Pero al transcurrir un par de meses, con la luz del sol apenas visible por tanto nubarrón, el color blanco desafiaba con imponerse y arrebatarle la corona al nuevo rey. Lo cual dio comienzo a una hostilidad de un color para el otro, hasta el punto que ambos decidieron ya no llamarse colores ni ser pariente de ellos. El negro reclamaba ser el rey y el blanco también reclamaba lo mismo. Las riñas y las discusiones abundaban en la colorida Jungla sin nunca llegar a una solución, sin nunca alcanzar la amistad. Era un mundo en blanco y negro, y ambos grupos tenían estrictamente prohibido mezclarse y crear el color gris. Esto dio cabida a que se manifestara la enemistad, la envidia y el racismo en su suprema manifestación. Ambos bandos, blancos y negros, crearon sus propias fronteras, y sus reinos, uno al lado del otro.

No obstante, en el otro extremo de la Jungla de los colores, totalmente aislados del resto, una comunidad de distintos matices construía una nueva civilización, más justa, más democrática y mas diversa en sus tonalidades. Los colores azul, amarillo, rojo y café trabajaban apurados por reconstruir una nueva comunidad, parecida a la que existía antes de que el diluvio destruyera la anterior y, esparciera a todos los colores habitantes de la Jungla en todas las direcciones. La paz, la armonía, la colaboración, y la fraternidad reinaban en éste nuevo reino, igual que antes de la tempestad. Todo iba de maravillas.

Sucedió que un día, la noticia de que existía otro reinado de colores distintos al otro extremo de la Jungla, llegó a los oídos de los reinados blanco y negro (que se consideraban no colores). Éstos, que se encontraban en constante guerra entre sí, decidieron, cada uno en su momento, a conquistar los colores azul, amarillo, rojo y café y esclavizarlos a la fuerza a través de la guerra. Pero cuando el “color” negro llegó decidido a invadir, se quedó confuso al ver tanta armonía y buen vivir entre los distintos colores. Fue tanta su admiración al verlos felices y contentos, que desistió de su afán de crear guerras y terminó uniéndoseles. Fue bien recibido y democráticamente incluido a la gama colorida de la comunidad, pero él insistía en que no lo llamaran color.

Días más tarde, el “color” blanco llegó armado hasta los dientes queriendo imponer su voluntad de rey ante todos los demás colores de la Jungla. Una batalla feroz se desató. Nadie quería ceder y darse por vencido, y el “color” blanco insistía que su tinte era más puro que los demás y que por eso él debería ser el rey. Los demás colores argumentaban que no existía un color superior a otro y que cada uno tenía su razón de ser. El color azul decía, “la mar, y el cielo son mías”, el amarillo habló del “fuego y el oro”, el rojo dijo algo acerca de “la sangre, el amor y la pasión”, el negro rompió el silencio y clamó “la noche, la profundidad, y el misterio”, el marrón mencionó “la Tierra y otros minerales”. Y claro, todos los otros colores derivados de éstos últimos como el verde, el violeta, el celeste, el anaranjado, el gris, etc., también añadieron sus diversas funciones y cualidades. Tanto fue la bronca, que el color blanco eligió por aceptar la alianza de colores. Se dio cuenta, de presto, de su previa arrogante postura y recapacitó, pero también insistió en que no lo llamaran color: sólo blanco.

Fue de esta manera que el arcoiris con todos sus esplendorosos matices nació de nuevo, y desde entonces sirve para recordarle a la humanidad de que en la diversidad existe una belleza celestina y noble, que cada individuo es esencial en el todo. El Arco-iris es el testimonio natural del pacto honorable de armonía hecho entre todos los distintos colores de la Jungla de los colores. El blanco y el negro, todavía se niegan a ser considerados colores, pero el buen humor y la paz reina una vez más. 


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