lunes, 30 de mayo de 2016

La Hormiga Soledad y el Elefante Macrobio


Azael Alberto Vigil 
© 2016

En una selva inmensa llamada Brooklyn, localizada en el país de la imaginación, por pura casualidad o por cosas del destino, de pronto se encuentran el elefante Macrobio y la hormiguita Soledad.

-¡Apártate de mi camino sino quieres morir aplastada hormiga enana y débil! ¿A poco eres ciega y no miras como yo soy de grandotote y fuerte?- Grita el elefante Macrobio molesto y malhumorado, listo para aplastar a Soledad con una pata. Echaba humo de cólera.

La hormiguita Soledad que por ahí andaba buscando alimentos para sus hijitos, se asustó al oír aquella voz de trueno amenazante. Apenas logró contestar:

-Disculpe señor elefante, pero sí soy un poco cieguita. Tan solo ando colectando alimentos para mis hijitos que tienen días de no comer nada. Por favor no me haga daño. No quise molestarlo.-

El elefante Macrobio era conocido y temido por todos en la selva Brooklyniana. Se creía el amo y señor de todos los animales. Abusaba de su tamaño y fuerza y se la pasaba todo el día aterrorizando a los animales mas chicos y débiles.

Casi al borde de la cólera y con inmensas ganas de aplastar a la hormiguita Soledad, el elefante Macrobio pisotea fuerte el piso con las patas delanteras, haciendo temblar toda la selva de Brooklyn y el río Hudson.

-¡Bom-Bom!- Se escuchó por todos lados, ensordeciendo a los animales y haciendo temblar los árboles y asustando a los peces en el río.

La pobrecita hormiga Soledad salió corriendo como alma que lleva el viento, sin darse cuenta que los pocos alimentos que ya había recogido se le cayeron de la bolsa que cargaba en su espalda. Todo un día de trabajo desperdiciado y talvez sus hijitos no tendrían nada que comer hoy, pero por lo menos salvó su vida.

-¡Ja-ja-ja-ja-ja! ¡Ja-ja-ja-ja-ja! -

Se retorcía de la risa el elefante Macrobio al ver la cara de espanto que puso la hormiga antes de salir corriendo. Ese era el pasatiempo favorito de él, burlarse de los animales más débiles y chicos. Quizás por eso no tenía muchos amigos. Era arrogante y antipático.

Un día menos pensado, llegaron unos cazadores a la selva de Brooklyn en busca de un elefante para el Circo de los Vigiles, un famoso circo internacional. Macrobio el elefante se encontraba bañándose en el río, alegremente, cantando y jugando con el agua. Con su largo moco tiraba chorros de agua en el aire y en su espalda, parecía una manguera de bomberos. Estaba feliz contemplando el bello día y disfrutando los rayos del sol que descendían sobre él. De repente, todo cambió. El elefante Macrobio fue capturado y encerrado en una jaula por los hombres cazadores en busca de un elefante para el circo. Ya encerrado en la jaula y sin posibilidades de escapar, Macrobio lloraba sin cesar y no paraba de pedir ayuda.

-¡Auxilio! ¡Auxilio! ¡Ayúdenme por favor! ¡Quiero salir de aquí! ¡Socorro! ¡Socorro!¡Ayuda! ¡Ayuda! ¡Por favor!

Así gritaba Macrobio el elefante, a pulmón abierto, desesperadamente. Pero nadie acudía a ayudarlo, pues no tenía muchos amigos debido a su forma de actuar. La hormiguita Soledad que por ahí andaba en busca de alimentos para sus hijos, fue la única que acudió a ver que era todo el escándalo. Allí estaba Macrobio encerrado en la jaula, llorando ríos de lágrimas, gimiendo como niño tiernito. A la hormiguita se le partió el alma al verlo sufrir tanto, y sin pensarlo dos veces, decidió ayudarlo a escapar. Por su tamaño miniatura, la hormiga pudo introducirse en la cerradura de la jaula y abrir la puerta. Los hombres cazadores no se dieron cuenta y el elefante pudo escapar sano y salvo. Corrió por largo rato, y la hormiga iba prendida de una oreja, disfrutando del galope. Después de largo rato de correr y correr, el elefante para de improviso y le pregunta a la hormiga:

-¿Por qué me ayudaste y no dejaste que me capturaran esos cazadores? Yo he sido muy malo contigo y no creo que me merezca tu cortesía.-

Soledad la hormiga le contesta humilde y educadamente:

-Hoy por ti, mañana por mí, dicen mis padres. Uno nunca sabe cuando va a necesitar a un amigo-

Las sabias palabras de la hormiga golpearon fuerte la conciencia del elefante. A partir de ahí Macrobio comprendió que ser antipático con los demás no tiene nada de ganancias sino solo pérdidas. Pidió disculpas a todos los animales por su comportamiento ignorante y su actitud se volvió positiva y amable. Se volvió camarada de todos, pero la hormiga Soledad se volvió su mejor amiga y confidente. Ahora le ayuda a conseguir alimentos para sus hijitos. Son amigos inseparables.

Si tu alguna vez miras a una hormiguita prendida de una oreja de un elefante, seguro son Macrobio y Soledad galopeando felices por el mundo.

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