sábado, 10 de octubre de 2015

TÍO FELIPE


Graciela Lecube Chavez


©  2015




Desde que comencé a usar la razón,
siento por tío Felipe gran admiración.
En España, Colombia y Perú fue torero...
los Andes chilenos escaló... y tomando
mate la Pampa argentina conoció.
Tío Felipe no le tenía miedo al miedo
y sabía con precisión cuándo reír.
"Llorar me pone feo y fruncir el ceño
aún menos, porque más feo me veo
-decía- "Yo coloradito me pongo
cuando mis energías repongo entre
amigos y parientes, dejando que
las penas me resbalen", proseguía.
A mi lado compartía como amigo
más que tío, y de mi edad se sentía
sin pasar ninguna vergüenza,
"porque es la única forma de hacer
diabluras sin que nadie te persiga",
mirando a mi atenta mamá decía.
"Ven y salta a la cuerda con tu hijo
y conmigo, tu hermano", la invitaba,
"éste es el momento indicado, que
hígado, corazón y dientes tienes
en buen estado. Recibe el hoy
con confianza y alegría por ser
un deber, cierra los ojos y abre
los brazos, aspira de las flores
el perfume que está en torno
y goza de un lindo amanecer.
Cantemos con la voz en alto,
que se enteren los vecinos
y vengan a celebrar la vida
que con fervor prometimos".
Yo a él y sus consejos no olvido
y en el alma con orgullo los llevo
por ser de un caballero, sobrino.