martes, 21 de abril de 2015

GUSTAVO, EL CONTORSIONISTA

  
Graciela Lecube Chavez
 
©   2015


 

Gustavo, un muchacho de  catorce
que lucía de veinte o dieciocho 
por ser alto, erguido y musculoso,
tenía la capacidad y la determinación
para llegar a ser un contorsionista famoso.
Un viernes, al salir de la Secundaria,
corrió hasta el parque de su colegio,
al espacio frondoso donde practicaba.
Se irguió contra un tronco, alzó su brazo
izquierdo y lo llevó detrás de la oreja
para coger por el pulgar la mano derecha.
Con el torso  hacia delante, las piernas abrió
en un triángulo gigante... dio vuelta hacia atrás
sin librar los brazos y usando sólo los pies trepó
con esfuerzo hasta el tope del ciprés. Allí sintió
abrirse la costura en medio de la asentadera.
Lanzó un grito. Y a la medianoche, del árbol bajó
con los pantalones en la mano, inadvertido.


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