sábado, 16 de agosto de 2014

LA HERENCIA


 
por Graciela Lecube- Chavez
 
©   2014
 

 
Un labrador su granja
lleno de tristeza miraba,
la tierra reseca, las matas
desnudas de brotes nuevos
necesitados de agua.
Cayó de rodillas pidiendo
al cielo que lo ayudara.
Sin notarlas, en sus hombros
delicadamente dos plumas
blancas se balanceaban.
“No temas, no sufras, cree
en tu herencia privilegiada
de árboles , muzgos y algas”,
las plumas le daban fuerza,
seguras de lo que anunciaban
El labrador de pronto sintió
que tenía la camisa mojada,
Nervioso, abrió los ojos . . .
y vio a Pirata, su perro , que
confiado le lamía la cara.


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