miércoles, 18 de junio de 2014

Los tres pastelitos sabrosos




Por René Colato Laínez

© 2014 

cuento publicado en Revista Iguana



Hace muchos años, en un lugar que todos habían olvidado, las plantas y las flores ya no crecían. Los animales y los granjeros estaban tan tristes de ver la tierra seca y desolada. En una pequeña casita vivía una mamá coneja con sus tres conejitos. Una mañana mamá coneja hizo tres pastelitos sabrosos con la última harina que le quedaba.

Mamá coneja llamó a sus hijitos y les dijo, —Conejitos, no hay nada que comer en esta casa. Acabo de hornear estos pastelitos sabrosos. Quiero que cada uno de ustedes lleve a vender un pastel al mercado. Tengan cuidado. Véndanlos a un buen precio para que tengamos dinero con que comprar comida.

Los conejitos estaban contentos de ayudar a su mamá. Cada uno agarró un pastelito sabroso y se fueron al mercado.

—Recuerden de venderlos a un buen precio—les recordó su mamá.

El primer conejito se fue brincando al mercado. Se paró a contemplar la tierra seca y enferma.

De repente la tierra le comenzó a hablar— Conejito, conejito dame ese pastelito sabroso. Tengo tanta hambre.

—Claro, dame cinco dólares y el pastelito es tuyo —le contestó el primer conejito.

—No tengo dinero, pero si me das el pastelito sabroso me pondré muy fuerte. Seré una tierra muy rica donde las plantas y flores crecerán con alegría —le dijo la tierra.

El primer conejito le dio el pastelito a la tierra. La tierra se lo comió y los dos estaban contentos.

El segundo conejito se fue trotando al mercado. Se paró para ver los débiles rayos del sol.

De repente el sol le comenzó a hablar—Conejito, conejito dame ese pastelito sabroso. Tengo tanta hambre.

—Claro, dame diez dólares y el pastelito es tuyo—le contestó el segundo conejito.

—No tengo dinero, pero si me das el pastelito sabroso me pondré muy fuerte. Me pondré redondito, mis rayos serán resplandecientes. Les daré luz a todas las plantas y flores para que crezcan con alegría—le dijo el sol.

El segundo conejito le dio el pastelito al sol. El sol se lo comió y los dos estaban contentos.


La próxima semana podrás leer el final del cuento

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