jueves, 22 de mayo de 2014

Nana ¡Qué Sorpresa!


 Reseña por Ariadna Sánchez
El amor de los abuelos es un regalo que inunda los hogares de las familias. La sabiduría que poseen transforma de color y esperanza la vida de cada integrante que convive con ellos. Sea un abuelo o una abuela, el afecto para sus allegados es incalculable.

El libro Nana ¡Qué Sorpresa! de la galardonada escritora Amada Irma Pérez y cuenta con bellísimas ilustraciones de la reconocida artista Maya Christina Gonzalez. La historia gira en base a la ansiosa y esperada visita de Nana a la casa de Amada. Amada junto al resto de sus hermanos doblan sabanas, sacuden los muebles y limpian la casa mientras los recuerdos de Mexicali se hacen presentes con lindísimas anécdotas. Los padres de Amada llegan a su casa con unos pollitos amarillos como el sol. Héctor, el hermano de Amada, está listo para el arribo de su Nana, ya que ella cuenta unas singulares historias de la Revolución Mexicana.  ¡Nana, por fin llega a la terminal de autobuses con su colorido rebozo floreado! Amada y el resto de su familia corren a los brazos de Nana. Una vez en casa, los nietecitos de Nana la llevan al patio para enseñarle el gallinero que han preparado para los pollos. Los niños comprometen a su Nana a que les ayude con los cuidados de los pollos con el propósito de levantarle el ánimo a su Nana. Nana aun extraña a Tata, el dolor de su muerte la tiene un poco triste. Sin embargo, Amada, Héctor, Raúl, Víctor, Mario y Sergio están dispuestos a ponerle una sonrisa en su rostro.

Por varios meses Nana cuida de los pollitos. Ella les pone paja fresca, les cuenta cuentos, les canta y les da mucho amor. Amada revisa diariamente el nido con la esperanza de encontrar un huevo.  Un sábado por la mañana Nana y Amada van al gallinero como de costumbre. Nana en esta ocasión, empieza a bailar un pasodoble y los pollitos comienzan a dar vueltas y a piar. Nana y Amada se funden en una danza especial inundando de brillo y alegría el rostro de Nana.  El resto de la familia observa el baile y exclaman, “¡Está feliz!” Nana reboza de felicidad, contagiando a todos a bailar y a aplaudir en el patio. Nana con dulzura recuerda con nostaligia cuando bailaba con el Tata de Amada. Nana “nace para vivir” dejando la muerte y el dolor a un lado siguiendo el ciclo natural de la vida.

A la mañana siguiente un fuerte canto estremece el hogar. Son los pollos que se han convertido en gallos y esa es la razón por la cual Amada no encuentra ningún huevo en el nido. Amada y su familia se carcajean tanto que les da hipo y hasta ganas de ir al baño. Nana, agradece a su familia por todos los momentos bellos que compartieron juntos. Nana tiene que volver a México pero se va feliz y con el corazón lleno de inolvidables memorias. La moraleja del cuento es que la convivencia familiar es el mejor remedio para curar la tristeza. Visita la biblioteca local más cercana para seguir empapándote de la lectura. ¡Nos leemos la próxima semana!

1 comentario:

Amada Pérez dijo...

Gracias, Rene. Este cuento está basado en nuestra vida real. Se trata de mi nana, Doña Chuy, mis hermanitos y lo que ocurrió en nuestro hogar en Ontario, California.