jueves, 10 de octubre de 2013

El niño que no tuvo cama



Reseña por Ariadna Sánchez

Directamente desde Juchitán de Zaragoza, Oaxaca llega Adriana Ramón Guzmán para presentar el día de hoy la historia titulada “El niño que no tuvo cama” escrito e ilustrado por sus paisanos Natalia Toledo y el Maestro Francisco Toledo.
Adriana Ramón Guzmán es una mujer exitosa digna de reconocimiento. Sus bordados son el reflejo de su alma. En cada huipil o traje que teje ella plasma sus emociones con tintes de alegría, fantasía y esperanza. Adriana Ramón Guzmán nació en San Jerónimo Ixtepec, Oaxaca y desde ese día su vida ha sido un vaivén de experiencias. Su niñez a lado de sus abuelos, su incursión a  la Delegación del Istmo de Tehuantepec para bailar en la fiesta de la Guelaguetza hasta su brillante carrera como estudiante y empresaria. Hoy por hoy Adriana Ramón Guzmán sigue tejiendo sueños.
El niño que no tuvo cama es un cuento bilingüe escrito en zapoteco y español. Chico Min es un niño que duerme sobre la piel que usa su papá para hacer zapatos. Cada día que pasa su camita se hace más pequeña, porque el papá de Chico Min corta pedazos de ella para hacer más zapatos. Al final de una semana la cama de Chico Min es un lienzo agujereado con moldes de todos tamaños. Una noche Chico Min no concilia el sueño. Se imagina figuras sobre la pared. Pasa un rato soñando que se hunde dentro de uno de los moldes recortados de la piel. Que cae sobre la tierra encontrando huellas y suelas de todos tamaños. Por más que quiere escaparse de esa terrible escena no puede hasta que finalmente se encuentra en una pradera llena de vacas comiendo pasto. Ahí él se da cuenta que todas las vacas están perforadas. Chico Min escucha el reclamo de una vaca enojada que le dice que sus agujeros son hechos por su papá. La piel de ella es la que utiliza su papá para hacer los zapatos. Él decide ayudar a reparar ese mal. Toma una aguja y empieza a cocerlas. Unas vacas son más renuentes que otras pero al final todas quedan como nuevas. La vaca enojona se alegra del trabajo que hace. Por su parte Chico Min promete no volver a soñar con vacas perforadas ni mucho menos que lo persigan. Al cabo de un tiempo, Chico Min escucha el silbido de su padre al cual abraza fuertemente.
Ya convertido en todo un hombre Chico Min compra una cama en donde puede dormir y soñar en grande. A veces sus hijos lo encuentran durmiendo enrollado en el piso. Yo creo que aún extraña la sensación del suelo. Recuerda que la lectura te da alas. ¡Nos leemos la próxima semana!

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