sábado, 17 de agosto de 2013

A NATALIA



por Graciela Lecube-Chavez

©  2013



Natalia Luz tiene cuatro añitos,
su cutis blanco es algo ceniciento,
las abejas volcaron miel en sus ojitos
y su pelo rubio es puro movimiento.


Todas las tardes con su madre visita
al abuelo, quien aunque está enfermo,
las espera con su vieja guitarra lista
a tocar la música de un cuaderno.


La abuela las recibe en silencio
y las tres cruzan el pasillo sin luz
hasta la sala, cuyo enorme espacio
está ocupado por un sofá  andaluz.


De su tierra natal lo trajo el abuelo
con la idea de descansar en él,
no como enfermo sin consuelo,
sino jugando al payaso Pampanel.


Abuelo y Natalia hacían pareja
como compañeros de juego
y sonriendo de oreja a oreja
caían cansados en el suelo.


Pero hoy Natalia no desea jugar.
Mirando al anciano dormido
se acerca al sofá sin titubear
y besa al abuelito querido.

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