lunes, 10 de septiembre de 2012

La autora F. Isabel Campoy habla con su padre

Juan Diego Campoy Coronado

La fuerza de tu mente esculpió 
el prodigio de nuestra existencia. 
La poesía de tu corazón, 
te hizo nuestro ejemplo de vida.


Venimos a decirte adiós, o quizás solo, ¡hasta luego!, llenos de un arco iris de emociones que tu vida supo sembrar en nuestro corazón. Vestida de negro llegó primero la tristeza. Entre sus ropas oscuras lleva envueltos los recuerdos de tu risa, la serenidad de tu voz, la dulzura de tus besos, la fortaleza de cada abrazo que los tuyos daban por cualquier razón. En sus bolsillos guarda 98 años de memorias, desde tu infancia en Aguilas, tu adolescencia salesiana, tu madurez responsable de esposo y padre, que hoy se lleva a otros horizontes.

Pero nuestro arco iris de emociones tiene también el BLANCO de tu inocencia. Un siglo –casi- de elecciones en la vida para que triunfara la justicia del amor. Tu fuiste nuestra mejor defensa, frente a todo y todos. Tu sembraste en nuestro corazón, cualquier posibilidad de vida y sobre ella, creció la cosecha de la palabra FELIZ. Felices nuestro hogar y la infancia, el trabajo, el estudio, los juegos. Feliz la abundancia de cariño, y feliz incluso la escasez de una larga posguerra.

VERDE  es este campo fértil que con tu esfuerzo plantaste semilla a semilla en solitario y contando solo con tu tesón. En él trazaste las metas que te convertirían en el primer –y entonces único- profesor de inglés de decenas de generaciones de estudiantes. También allí nació la esperanza de poder ganarle un pulso a la historia para crear un mundo mejor. Tu idealismo es contagioso y en él te seguiremos siempre a ciegas.

ROJO es el amor que seguirá vivo, porque así labraste tú su camino. Usado, usadísimo amor, hecho “te quieros” cercanos - lejanos, presentes- ausentes, nuestros a ti, tuyo para los tuyos. Amor a manos llenas desde el amanecer hasta el infinito.

AZUL es tu bondad, y es la paz con la que edificaste nuestro techo. Es también el color de esos ojos en los que te miraste siempre. Ella te espera ya, deseosa de cerrar el ciclo de tu ausencia. Y es en la alegría de ese camino que hoy recorres, en la que vivirá eternamente tu recuerdo.


Tus hijos,
María del Pilar, Diego Alberto †,
Francisca Isabel, Vicente Lázaro
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