miércoles, 12 de mayo de 2010

Margarita y Las Nereidas


Una aburrida y tranquila tarde marina, Nereo que no tenía ni TV por cable ni Internet para entretenerse, se puso a contar entre bostezos a sus bellísimas hijas, las Nereidas, que jugaban alegremente en los parques de corales de su palacio en las profundidades del mar.

Las hermosas y dulces muchachas eran fruto de su amor con Doris y el se complacía siempre de su bondad y belleza. Pero esa tarde Nereo tuvo una gran sorpresa cuando en lugar de cincuenta contó cincuenta y una. Creyendo que se había equivocado, reinició la cuenta y el resultado fue el mismo. Ya bastante preocupado en que algo en su memoria estuviera fallando, llamó a un servicial tiburón blanco y le ordenó que las contara. A los pocos minutos el rápido tiburón regresó diciendo que efectivamente eran cincuenta y una.

Sospechando que algo raro estaba ocurriendo, observó con detenimiento a cada una de ellas y su atención se centró en una gordezuela pequeñita, para nada linda, que se acurrucaba para pasar desapercibida entre la mayor Anfitrite y la blanca Galatea, mientras Tetis que estaba tejiendo un hermoso chal de algas fosforescentes trataba de ocultarla tras él.

Intrigado llamó a su esposa y le inquirió sobre la joven, a lo que Doris titubeando le confesó que era una pequeñita huérfana que habían encontrado vagando entre islas de corales, llorando angustiada por haber perdido a su familia aparentemente devorada por la monstruosa Glaucetes, que a pesar de tener un hermoso color azul, era bastante mala.

Nereo que era un Dios importante, muy soberbio y al que le importaba poco de las huérfanas que vagaban por los mares, exigió a su esposa que expulsara inmediatamente a la intrusa; pero ella, terca como buena hija de Océano y esposa de un Dios, puso el grito en el cielo marino al igual que sus cincuenta hijas y el pobre Nereo tuvo que aceptar a la jovencita, no sin antes murmurar entre dientes, un despectivo: "¡tiene cara de pez!"
Margarita que así llamaron a la pequeña - porque todos los nombres de diosas e hijas de dioses ya estaban ocupados - creció juguetona y feliz con la protección y cariño de su nueva familia.

Era muy distinta a sus bellísimas hermanas, y con una gran boca que parecía sonreír todo el tiempo, como si su dueña solo tuviera buenos pensamientos, cosa que realmente era así. Las Nereidas habían querido enseñarle a hablar, pero ella solo emitía unos hermosos sonidos que producían eco en el fondo del mar. Le encantaba bailar acompañada por la música de bellas caracolas y muchas veces realizaba acrobáticos saltos sobre el agua como si intentara tocar el cielo, para regresar nuevamente a jugar a las profundidades.

Las Nereidas adoraban a la joven, a pesar que a medida que el tiempo transcurría, ella se veía más y más diferente; pero la adoraban igual y se divertían mucho con sus juegos. Doris y Nereo se felicitaban mutuamente de haberla adoptado, éste último finalmente conquistado por su bondad y obediencia.

Así pasaron muchos años de felicidad, pero Margarita comenzó a cambiar, fue perdiendo su alegría y una extraña tristeza se apoderó de ella y, a pesar de los intentos de todo el mundo marino por alegrarla, comenzó a caer en un pozo de depresión del cual parecía difícil que se recuperara. Es que la joven se veía muy diferente a sus hermanas, las que ya tenían centenares de pretendientes atraídos por su belleza, pero nadie se interesaba en Margarita y eso la estaba matando. No sentía celos de ellas, ni siquiera le atraían sus pretendientes, sólo quería encontrar alguien que la amara como era y soñaba con un príncipe que la llevara a recorrer los mares del mundo.

Nereo muy preocupado al ver tan triste a la que ya consideraba su adorada hija, consultó a todos los sabios de su reino, pero ninguno supo decir que le ocurría y Margarita que era muy reservada de sus cosas íntimas, no se atrevió a decir a su padre que lo que ella necesitaba era alguien que la cortejara. Al no saber ya a quien consultar, el Dios decidió enviar embajadores por los mares del mundo a ver si encontraban quien los pudiera ayudar.

Pasaron muchos días marinos hasta que un dorado caballito de mar, regresó con la noticia de que en un lugar alejado había encontrado un ser muy parecido a Margarita, cuyo nombre era Santiago; un solitario príncipe deseoso de enamorarse.

El caballito contó a Santiago sobre Margarita y su tristeza y el joven quiso acompañarlo para conocerla, rogando que ella fuera la mujer de sus sueños.

Nereo muy contento y esperanzado, frotó sus manos y arregló el encuentro. Cuando Margarita y Santiago se vieron por primera vez, fue como si mil estrellas marinas se encendieran a su alrededor mientras ellos intercambiaban bellísimos sonidos. Margarita perdió inmediatamente su tristeza y encantados comenzaron a bailar una danza tan hermosa que maravillaron a todos los habitantes del mar.

Santiago sin perder tiempo le suplicó a Nereo le permitiera desposar a Margarita, a lo cual éste accedió de inmediato y junto con su bendición decidió declararlos príncipes de todos los mares.

Y Nereo dijo así:- “Margarita y Santiago, desde ahora serán príncipes viajeros que recorrerán los mares para que todos sepan de la grandeza de Nereo y vuestra numerosa descendencia será admirada, respetada y amada por donde vayan y serán conocidos por el mundo entero como Los Delfines”

........ Y colorín colorado, este cuento ha terminado.


* cualquier similitud con la realidad, es pura coincidencia.



María Magdalena Gabetta

1 comentario:

maría magdalena gabetta dijo...

Muchas Gracias por publicar este cuento que quiero tanto. Un beso. Magda