martes, 4 de mayo de 2010

DOS AROMAS



Graciela Lecube-Chavez
© 2010


Como la olla llena siempre estaba
de pasta, arroz o ricos vegetales,
de chiquita yo fui muy glotona
porque sin permiso me saciaba.

Colgada de mi cintura una cuchara
me hacía compañía al entrar y salir
de la cocina-comedor todo el día
en busca de lo que mamá preparara.

Todo me caía bien, sin problemas,
y aprendí a comer por comer, hasta
sin sentir ganas, cuando mis ojitos
curiosos adentro de la olla miraban.

¡Ay, aquellos aromas que de la olla
salían, más seductores que aquellos
que de Francia venían en elegantes
frascos para mamá, reina y señora!

Y ciertamente ella mucho lo merecía
por combinar todo lo rico que hervía
y que yo, haciéndome la tonta, comía
con una vieja cuchara de plata pulida.

Los dos aromas a ella pertenecían
pero, inteligente como era, dejaba que
yo me bañara por dentro con unos
para ella usar por fuera los que prefería.

Con su talento, comida y belleza creaba
ganándose mi amor - su princesita -
y la adoración de mi papi - su soberano -
en primavera, otoño, invierno y verano.

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