domingo, 13 de julio de 2008

La caja de las provisiones

Por Sandra J. Kuilan Torres
Autora Invitada

(Copyright 2008) Todos los derechos reservados


Cuando Mariana escuchó en la radio que se acercaba un temporal, en su mente se dibujaron decenas de carpas azules y un par de yolas navegando por las calles de su comunidad. Eran los recuerdos del huracán Hortensia. Muchas de las casitas de su comunidad se quedaron sin techo y el gobierno repartió carpas para cubrir lo que quedó de los hogares.

¡Qué año aquel! ¡Fue tan difícil recuperar lo perdido por la incesante lluvia! Por eso, cada vez que Mariana escuchaba un aviso de tormenta, buscaba una caja plástica y almacenaba en ella víveres y otros artículos necesarios. Ella la llamaba la caja de las provisiones.

En el momento en que escuchó que la tormenta se había convertido en huracán, Mariana se quedó inmóvil en el umbral de la casa. Veía a la gente de la comunidad tan tranquila como aquella tarde en que fueron sorprendidos por el huracán Hortensia. “No aprendieron nada”, pensaba Mariana.

Paquito, que estaba encaramado el árbol de mangó frente a la casa, se dio cuenta de que el rostro de su madre se había transformado. Bajó del árbol más rápido de lo que lo hace una lagartija y de un salto, calló en la entrada de la casa.

-¿Pasa algo malo mamita? – preguntó Paquito con tono de desesperación.

- No pasa nada, – contestó Mariana tratando de ocultar su ansiedad.

Pero Paquito era un niño inteligente. Era difícil que su mamá fingiera no tener una preocupación tan grande.

- Yo sé que tú no pones esa cara tan fea por nada.- Insistió el niño.

- Lo que sucede, hijo, es que hay aviso inminente de huracán- confesó por fin Mariana. – ¡Y es categoría cinco!- agregó.

- Pero, si tú me has dicho muchas veces que si estamos preparados no hay por qué temer. Ya tenemos nuestra caja de provisiones lista. ¿Verdad?

- Sí, pero uno nunca está preparado después de la virazón.

Paquito había oído hablar a su abuelo de la virazón del huracán. Él le dijo, que era una calma repentina en medio del huracán. “En el ojo del temporal se siente una extraña calma. Pero dura poco tiempo. Luego, viento y lluvia regresan desde el lado contrario”, le dijo una vez.

Paquito salió corriendo para la casa del abuelo. El viejo había sobrevivido a muchos temporales. Nadie mejor que él para decirle a Paquito lo que debía hacer.

Encontró al abuelo amarrando las planchas de cinc del techo del ranchito donde guardaba sus herramientas de agricultor.

_! Abuelo! ¡Ya viene el temporal!- gritó Paquito mientras se acercaba al abuelo.

_ Lo sabemos Paquito. La abuela ya preparó la caja de las provisiones. Y tú, ¿ya aseguraste tus pertenencias?,- preguntó el abuelo.

Paquito salió de la casa del abuelo para la suya. Allí busco clavos, martillo, cuerdas y llamó su mamá para pedirle que juntos aseguraran la casita de madera donde vivían.

Mariana, todavía aturdida por la noticia, se sorprendió al ver a su hijo tan dispuesto a tomar precauciones. Como su papá había muerto hacía ya algunos años, Paquito se había tomado muy en serio el papel del hombre de la casa. Cada vez que algo se rompía él lo arreglaba o al menos lo intentaba.

- Vamos a asegurar primero las ventanas mamá,- fueron las instrucciones de Paquito.

Minutos después llegó el abuelo y los ayudó a amarrar bien el techo. Una vez asegurada la casita y lista la caja de las provisiones Mariana, Paquito y su abuelo se sentaron en el balcón a escuchar más noticias sobre el huracán. Cuando comenzaron a sentirse los vientos fuertes, el abuelo se fue a su casa no sin antes dejar bien asegurados a su hija y a su nieto.

Horas más tarde, cuando el huracán se había alejado, Paquito se asomó al balcón. Quedo impresionado con lo que vio. La casa de sus vecinos más cercanos no estaba. Los vientos la arrancaron desde los cimientos.

Mariana y Paquito exploraron un poco para reconocer los daños en la comunidad. Afortunadamente nadie murió ni desapareció como había pasado con otros huracanes. Mariana y Paquito se acercaron a las familias vecinas para ofrecerles ayuda. Algunos habían quedado solo con la ropa que llevaban puesta. Repartieron el contenido de su caja de las provisiones.

La experiencia hizo que Paquito organizara en la escuela un grupo de niños voluntarios para orientar a las familias sobre las precauciones que deben tomarse en época de huracanes. Así se aseguraría de que el próximo año a nadie le faltaría su caja de provisiones.

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