viernes, 1 de febrero de 2008

El gato Sandinista

El gato Sandinista
Por Christianne Meneses Jacobs (Copyright 2008)
Todos los derechos reservados

Este era un gato con canillas de trapo y los ojos al revés. ¿Quieres que te lo cuente otra vez? No, así no empieza el cuento.

El día que triunfo la revolución Sandinista en Nicaragua, todos nos subimos al jeep rojo de mi papá para ir a recibir a los triunfantes guerrilleros. Pero mi gato rayado no nos dejaba ir y maullaba sin cesar. Le pedí a mis padres que lleváramos al minino. De milagro, mis padres accedieron, quizás por que estaban contentos, pero me di cuenta de que algo le faltaba. Todos llevábamos pañueletas roja y negra (los colores de la bandera Sandinista) alrededor del cuello menos mi gatito.

Le pedí a mi mamá que le cosiera una pañueleta. Salí corriendo dentro de la casa buscando pedazos de tela. En menos de diez minutos mi mamá tenía hecha una pañueleta. Muy contenta se la puse alrededor de su cuello atándola en un nudo y le dije ­-Ahora eres el gato Sandinista.

Me miró y maulló. Rápidamente saltó de la mesa donde lo tenía y caminó directamente al coche. Se subió de un salto y se acomodó en primera fila. Allí iba sentado en medio de mis padres, mientras que mi hermano yo íbamos en el asiento trasero.

-Este gato cree que es perro –comentó mi papá burlonamente. El minino levantó su cabeza y miró a mi papá con seriedad como si hubiera entendido. Basto esa mirada para que mi papá no se burlara de él otra vez.

Después de un corto viaje y mucha anticipación, llegamos al lugar donde estaban llegando los camiones llenos de guerrilleros. Se veían sucios, barbudos, algo mal olientes pero felices de que la guerra civil había terminado. Muy alegres ondeamos nuestra bandera roja y negra, y gritamos consignas “Patria libre o morir”, “Que viva la revolucion.”

Nos bajamos del coche para felicitar a los guerrilleros cuando el minino se me escapó de las manos y se escabullo entre los camiones. Con lágrimas en los ojos me acerque a mis padres para decirles que mi gatito se había escapado. Todos empezamos a buscarlo y preguntándole a los guerrilleros si lo habían visto. Buscamos de camión en camión. Ya nos íbamos a dar por vencidos cuando escuchamos a un guerrillero decirle a otros “Ya viste al gato guerrillero, lleva una pañueleta en el cuello”. Inmediatamente nos dimos cuenta que hablaba de nuestro gato.

Lo encontramos sentado y maullando en las piernas de la única guerrillera que había llegado en los camiones. Era una muchacha joven de unos 21 años, llevaba uniforme verde olivo y cargaba un rifle M-16 que muy alegremente nos explicó su funcionamiento.

-¿Este es tu gatito? – me preguntó con voz dulce.
-Si, se me había escapado –le conteste.
-Parece que tiene espíritu de guerrillero –dijo mientras acariciaba su pelaje.
-Lo llamamos el gato Sandinista – le dije.
Todos sonrieron y admiraban al minino que muy erguido se dejaba acariciar por la guerrillera.

Compartimos una tarde muy alegre con los jóvenes guerrilleros. Todos estábamos felices de que la guerra contra el Somocismo había terminado sin darnos cuenta de que nuestra querida Nicaragua y nuestras vidas cambiarían drásticamente desde ese día triunfal.